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los Sonderkommando

Las personas destinadas a un «Sonderkommando,» (comandos especiales) recibían órdenes de los nazis en campos de concentración, y si se negaban, eran asesinados.

Sonderkommando

Los Sonderkommando trabajaban bajo gran presión psicológica ya que eran los encargados de guiar a los prisioneros a las cámaras de gas.

Luego debían apilar los cuerpos, examinando orificios (ano, vagina) en busca de piezas de valor ocultas.

Quitaban los dientes de oro a los cadáveres, y por último, incineraban los cuerpos en los hornos o fosas crematorias.

Los Sonderkommando tuvieron que conducir a la muerte a compañeros, amigos,  e incluso, a sus seres queridos.

Si alguno revelaba a los prisioneros que la supuesta «ducha de desinfección» era en realidad una cámara de gas, se le aplicaba la pena de muerte como castigo.

Esta sentencia consistía en quemar vivo al Sonderkommando en los mismos hornos crematorios donde él había llevado a incinerar los cadáveres de sus familiares y amigos.

La información que tenemos sobre las funciones que los Sonderkommando cumplían en los campos de concentración, viene de documentos que se conocen como los Rollos de Auschwitz.

Estos documentos fueron escritos por Sonderkommandos que lograron enterrar 8 manuscritos con sus propias confesiones, en los lugares aledaños a los hornos crematorios.

Los manuscritos estaban acompañados de piezas dentales que sirvieron como pruebas forenses cuando el ejército soviético descubrió los campos.

Uno de estos Sonderkommandos fue Marcel Nadjary, quien estimó que los alemanes habían matado a 1,4 millones de judíos en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, un número cercano a las estimaciones históricas actuales de 1,1 millones de víctimas de Auschwitz (en total hubo seis millones de víctimas del Holocausto).

Nadjary escribió en su carta:

«creo que no va a quedar un solo judío en Europa»

También describió paso a paso el proceso de exterminación. Detalló como obligaban a miles de judíos a desnudarse antes de ingresar a las cámaras de gas.

Estas cámaras estaban equipadas con duchas falsas que solo servían de decoración para hacer creer a los prisioneros que iban a darles un baño. Después de que aproximadamente 3.000 habían sido empacados en una cámara «como en una lata de sardinas», los hombres de las SS abrían unas compuertas en el techo para arrojar botes de Zyklon B (un insecticida letal) a la multitud.

CAMPOS de concentración

«Las cajas de Zyklon B siempre venían [camufladas]en automóviles de la Cruz Roja Alemana ”, escribió Nadjary- «[El químico] tarda entre cinco y seis minutos en matar a 3.000 perosnas»

Cuando se abrían las cámaras, los Sonderkommando llevaban los cuerpos a los crematorios adyacentes.

Debido a la gran cantidad de cuerpos hacinados en la cámara, los Sonderkommandos se topaban con algunos cadáveres que se mantenían de pie, con la piel decolorada por el veneno.

A los Sonderkommando también se les prometía comida extra y condiciones de vida más cómodas por su trabajo.

Nadjary, como todos los Sonderkommando, sabía que solo sería cuestión de tiempo antes de que los nazis también lo asesinen.

Se dio cuenta de que los alemanes estaban haciendo grandes esfuerzos para ocultar la evidencia de su genocidio.

Por eso decidió escribir un manuscrito con la esperanza de que alguien, alguna vez se entere de los crímenes de los nazis en Auschwitz.

«[Los Sonderkommando] debemos desaparecer de la faz de la tierra, porque somos testigos sobre los métodos inimaginables de abusos y represalias.» dice una de las páginas de Nadjary.

Los Sonderkommando fueron odiados por los prisioneros judíos, pero con el tiempo se fueron convirtiendo en héroes. Gracias a ellos, hay un registro de lo que sucedió en los campos de concentración.

Los sobrevivientes les siguen rindiendo honor, sobre todo porque ahora se sabe que fueron ellos quienes iniciaron las primeras revueltas en los campos, destruyendo hornos crematorios y ayudando a liberar a algunos prisioneros.

Si hubieras estado en la posición de un Sonderkommando ¿Qué hubieras hecho?

A todos nos gusta pensar que hubiéramos sido los héroes que se oponían al tiranismo y el asesinato, pero la verdad es que la historia nos enseña que casi siempre, elegimos el lado incorrecto, el cual siempre está disfrazado de una buena causa.

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