Saltar al contenido

magda goebbels asesinó a sus hijos obligándolos a tomar cianuro

Magda Goebbels, la mujer que obligó a sus hijos a tomar cianuro

Magda Goebbels pasó de ser la representante de la mujer aria, que traería desde su vientre a la descendencia nazi que dominaría al mundo, a asesinar a sus hijos con una mezcla de agua dulce con cianuro. 

Luego de divorciarse de su primer marido, atendió a una conferencia del Partido Nacional Socialista Alemán, en 1930. Cuando escuchó a Joseph Goebbels se convenció de unirse al partido inmediatamente.

A Goebbels, Magda le causó una impresión inmediata.

«Es como si estuviera soñando. Estoy lleno de una felicidad dichosa»

Escribió en uno de sus diarios luego de conocerla. 

Ella en cambio no estaba tan impresionada con él, pero se sintió atraída por sus apasionados discursos llenos de retórica nazi.

Goebbels la invitó a una cena y ahí Magda conoció a Hitler, los dos quedaron impresionados. Hitler incluso dio la orden para que ella inmediatamente pase a formar parte del partido nazi, cumpliendo un rol importante en su vida.

Pero no hubo ninguna relación amorosa, porque Hitler quería proyectar la imagen de un líder que solo tenía tiempo para servir al pueblo alemán; por lo tanto iba a mantenerse soltero el resto de su vida. Sus relaciones sexuales debían ser clandestinas. 

Magda se conformó con el segundo al mando: Joseph Goebbels. Y aunque ella escribió cartas e hizo declaraciones diciendo lo enamorada que estaba de su esposo, Goebbels siempre tuvo celos de Hitler. 

«Magda pierde un poco la cabeza cuando el jefe está cerca… Estoy sufriendo mucho… No puedo dormir.»

Escribió Goebbels luego de una cena con varios líderes del partido. 

Magda cuidaba a Hitler como a un esposo, le preparaba la comida vegetariana y hacía viajes a su hotel para entregársela personalmente. No se sabe si llegó a pasar algo entre los dos, pero uno de los choferes de Hitler declaró que cuando Magda veía a Hitler «se le revolvían los ovarios.»

Magda se casó con Joseph Goebbels para crear los «cimientos biológicos» de la nueva raza aria. Tuvieron seis hijos, todos con nombres que empezaban con la letra «H», en honor a Hitler. 

Magda y Goebbels usaron a sus hijos para hacer películas de propaganda, donde se los veía cuidar a los heridos y mutilados de guerra.

Helga, la hija mayor, era la niña favorita de Hitler, la consideraba su propia hija.

Cuando Rusia y los aliados invadieron Berlín, la familia Goebbels se refugió por diez días en el búnker de Hitler. Otros oficiales enviaron a sus hijos y esposas fuera de Berlín, pero ellos decidieron acompañar al Führer hasta el final.

Los niños trataron de disimular un entorno normal, bebiendo chocolate caliente, hablándole al Führer de sus días en la escuela, disimulando ante su comportamiento errático y el ruido de bombardeos cercanos.

Después de escuchar un disparo desde la habitación de Hitler, el 1 de mayo de 1945, Magda Goebbels convenció a sus hijos de inyectarse una medicina para ayudarles a dormir. 

Les inyectó morfina y le pidió al doctor que les suministrara «agua de caramelo», un nombre clave que había inventado para que sus hijos pequeños no tengan miedo de beber una mezcla mortal de cianuro con agua.

Luego de asesinar a sus hijos, Magda Goebbels se dirigió a su cuarto, donde tomó el mismo líquido y se sentó, esperando a que su esposo Joseph Goebbels, le diera varios balazos para asegurar su muerte.

Luego de asesinarla, Goebbels dio órdenes a un soldado para que untara los cuerpos de él y su esposa con petróleo. Procedió a dispararse en la cabeza. Cuando el soldado se aseguró de que estaba muerto, encendió un fósforo y calcinó los cuerpos. 

Cuando los soldados soviéticos entraron al Búnker de Hitler, encontraron los cuerpos de los niños, vestidos con sus mejores ropas.

El cadáver de Helga Goebbels, la niña favorita de Hitler,  tenía moretones y otras muestras de forcejeo, por lo que concluyeron que había tratado de resistirse a morir a manos de sus padres. 

También encontraron una carta de Magda Goebbels donde explicaba su decisión:

«No merece la pena vivir el mundo que viene detrás del Führer. Por eso también he tomado a los niños, porque sería dolorosa la vida que llevarían después de nosotros. Un Dios misericordioso me comprenderá cuando yo misma les dé la salvación»


volver al menú



Buscar:

síguenos en:


Facebook


Twitter


Instagram



Buscar:

suscríbete

para recibir nuestrA REVISTA MENSUAL CON TODO EL CONTENIDO


paranoi_logo_amp