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Robert Penman: el hombre que sobrevivió a un tumor gigante y una cirugía sin anestesia

Robert Penman cirugía sin anestesia con tumor

En un día de 1820, Robert Penman amaneció con una bola de carne detrás de sus dientes inferiores. Al poco tiempo creció hasta tener el tamaño de un huevo de gallina que sobresalía de su boca, empujando sus dientes hacia afuera.

En la época victoriana, no existían tratamientos para este tipo de malformaciones, así que tuvo que aprender a vivir con eso.

Ocho años después, James Syme, famoso por ser un pionero de la cirugía médica, fue visitado en su casa por un hombre que tenía la cabeza cubierta por varias telas gruesas y manchadas de una supuración blanquecina. Era Robert Penman.

El doctor Syme no podía entender lo que Penman le decía; no podía mover la boca por el tumor de 5 libras que le sobresalía desde la mandíbula y que había tomado una consistencia ósea y fibrosa. Penman estaba tratando de vocalizar la palabra «ayuda».

James Syme escribió en su bitacora que la boca de Penman se veía «como si los órganos quisieran revolver el cuerpo hacia afuera».

El doctor Syme amarró a Penman a una silla con correas de cuero y colocó debajo varios baldes que mandó a traer desde las granjas cercanas. Como todavía no se había descubierto el cloroformo ni el éter, el doctor no usó ningún método de anestesia. Simplemente le pidió valentía para soportar el dolor.

Syme introdujo un cuchillo de carnicero en la boca de Penman y procedió a realizar el «procedimiento estándar» :
Penetrar con el cuchillo el centro del tumor para luego ir cortándolo en pedazos.

Pero el doctor Syme llegó más lejos, tuvo la idea de cortar el hueso de la mandíbula para extirpar la parte sana del tejido junto con el tumor, porque sabía que si no erradicaba todo el tejido dañado, el tumor volvería a crecer.

El procedimiento duró 25 minutos, de los cuales la mitad eran para dejar que Penman recupere el aire perdido por los intensos gritos de dolor.

Al final de la cirugía Penman perdió el conocimiento por el sufrimiento excesivo que le producían los cortes directos al hueso.

El doctor Syme llenó un balde con pedazos de tumor y medio litro de sangre. Los ayudantes no pudieron entender como una persona fue capaz de sobrevivir a este procedimiento.

17 años después de la operación, el doctor James Syme iba caminando por la calle cuando un «hombre con una barba excesiva en la quijada» se acercó a saludarlo. Inmediatamente reconoció a Penman, quien había recuperado el habla y lo agradeció por haberle devuelto el habla… y la vida.