Saltar al contenido

El día que Abimael Guzmán mandó a matar a los niños

y Salomé Velasco

No sé cómo contar esta historia. Pasaron tantas cosas en medio de esta guerra y la idea central está tan politizada. Se me viene a la cabeza esta imagen de un grupo de hombres y mujeres vestidos de rojo. Tienen latas de leche condensada amarradas a la cintura y reúnen a varios campesinos afuera de sus casas, los hacen arrodillar y les dicen que los van a matar. No les disparan porque no quieren gastar las balas. Son comunistas los asesinos, no los campesinos. Y como no quieren gastar las balas, usan palas, azadones, palos, todo lo que encuentran por ahí regado. Todas estas herramientas que los campesinos usan. El proceso de muerte es largo y requiere mucha energía. Carlos Marx hablaba de cómo el trabajo era la medida para poner valor a algo. Entre más trabajo tomara un proceso, más valor tenía. Entre más trabajabas, más debía costar este trabajo. Era una defensa de cómo los trabajadores debían tener más dinero o más valor que sus jefes o los dueños de empresas.

La teoría es que los que gastan energía y tiempo son los trabajadores, no los empresarios. Por lo tanto, estos últimos se aprovechan de los otros. Los ricos se aprovechan de los pobres. Es una buena teoría, pero en este caso, al matar a balazos y no con balas, el tiempo de trabajo se alarga. Hay más de esfuerzo. Se necesitan al menos 100 o 200 balazos para matar a alguien y les va a tomar por lo menos diez minutos. Con una bala sólo iban a necesitar una y un par de segundos, tal vez dos balas, y no lograban darle al campesino directamente en el cerebro, como les pasó muchas veces. Pero esto les pasaba porque usaban pistolas baratas que se robaban a los policías, pero ellos no mataban así para comprobar las teorías de Marx. Los rusos, por ejemplo, hacían caminar kilómetros a los prisioneros, les hacían cavar sus propias tumbas y luego les disparaban ahí mismo. Con esto se ahorraban el trabajo de cargarlos desde el lugar de ejecución hasta su tumba o fosa común.

En este caso llenaban estas fosas comunes de cadáveres. Era un solo hueco. Así se ahorraban el trabajo y si podían, se ahorraban las balas también. En Camboya, Pol Pot y su grupo de comunistas ahogaban bebés en el río. Simplemente los lanzaban. No sé cuánto trabajo, cuánto esfuerzo tome eso en todo caso. En Perú los miembros del Partido Comunista mataban a los campesinos con herramientas de trabajo, con hoces, martillos, palas. Todas esas cosas. Las balas las usaban solo en enfrentamientos contra los Inches, que eran miembros especiales de la policía peruana y también otro grupo que se dedicaba a abusar a campesinos. Los miembros del Partido Comunista del Perú usaban balas solo para enfrentarse a la policía y al ejército. A los campesinos los mataban a golpes. Es decir, que tenían que ahorrar las balas para estos enfrentamientos. Y como los campesinos estaban desarmados, hubiera sido un desperdicio gastar esto en ellos. Y de todas maneras, de vez en cuando las usaban para rematarlos o para asegurarse de que estuvieran muertos. A veces reunían los cuerpos en un solo montón para poder ser más eficientes.

Por ejemplo, se decía que si ponen varias cabezas juntas y dan un solo golpe con el azadón, era probable que les revienten el cerebro a todos de un solo golpe. Hacían esto con los bebés, les aplastaban la cabeza con las botas. Creo que eso aprendieron de los chinos. Los chinos mataban con las botas. Creo que los únicos comunistas que no llegaron a esos niveles de crueldad para matar fueron los cubanos Fidel Castro y todos ellos. Ellos fusilaban a la gente. Pero los miembros del Partido Comunista del Perú usaban sus botas y su energía corporal. Los músculos de las piernas ponían las cabezas contra las piedras para que se revienten. Una vez leí que el hueso del cráneo de un bebé aún no está cerrado en la parte de la coronilla. Esto porque su cabeza sigue creciendo y el hueso necesita hacer espacio al cerebro que va a seguir creciendo. Supongo que por eso se les hacía más fácil pisar la cabeza de estos bebés, hijos recién nacidos de los campesinos. Los niños les tenían terror. Un campesino incluso escapó a las montañas y se quedó viviendo en una cueva el resto de su vida.

De tanto miedo que tenía, un día vio como los miembros del Partido Comunista Peruano mataban lentamente a los campesinos de su. Primero se paralizó del miedo, pero luego fingió estar muerto en medio de una pila de muertos. Cuando pudo, cuando era de noche, escapó a las montañas. Ahí buscó una cueva y se quedó a vivir para siempre. Y no es una de esas historias donde el personaje aprende a cazar y crea una nueva vida como un salvaje que vuelve a encontrar el sentido de la vida. No, no es como esos videos donde un hombre finge sobrevivir con técnicas que aprendió en el ejército francés o inglés o norteamericano. Este hombre, este campesino, se alimentó de ratas, de raíces, de hojas de basura cuando lo hallaron muchos años después. El hombre apenas podía hablar. Se había olvidado del lenguaje porque nunca más tuvo con quién hablar. Le daba tanto miedo salir de esta cueva que ni siquiera se había parado para ejercitar sus músculos y tenía la columna doblada hacia delante. La prensa lo usó en varios reportajes y luego los acusó de que lo estaban usando, de que la prensa lo estaba usando para darle una mala cara o mala propaganda a los comunistas peruanos que sí cometieron estos crímenes de terrorismo.

Pero él no quería tener nada que ver con ellos. Quería que lo dejaran morir en paz. Quería morirse y no sabía por qué seguía vivo. Se quedó atrapado en la pesadilla de esa noche que vio cómo los miembros del Partido Comunista del Perú, más conocido como Sendero Luminoso, mataban a su familia y a sus amigos. Y eso es lo que hacían los comunistas de todo el mundo. Usaban el miedo de la gente. En Rusia la gente tenía tanto miedo de las represalias, de hablar en contra del régimen que preferían callarse. Se decían a sí mismos Para qué quejarse si eso significaba ir a un gulag o morir? Mejor no decir nada. Mejor ir aceptando poco a poco una vida miserable como la que los comunistas de hoy en día niegan. Siempre niegan estas cosas. En el caso de Sendero Luminoso, los comunistas modernos los niegan. Dicen que ellos no eran de verdad comunistas. Dicen que en realidad trabajaban para el Imperio, para Estados Unidos, que era una forma de hacerle mala fama al verdadero comunismo, al comunismo serio, que sólo quiere el bien de las personas.

Porque para ellos el comunismo es solo gente que sólo se preocupa por los trabajadores y el bienestar común. Nunca han robado, nunca han sido corruptos y por supuesto, nunca, pero nunca han asesinado. Y si han asesinado, ha sido en defensa propia. Y jamás han asesinado a gente pobre, sólo a gente con dinero, a burgueses. Pero porque esta gente se merecía morir? De vez en cuando también mataron a algún homosexual. Pero porque la homosexualidad era parte de la burguesía. Cómo ibas a ser homosexual en los años 70? Si eras pobre, tenías que trabajar. De dónde ibas a sacar el tiempo para tener sexo con un hombre? Por lo tanto, si eras homosexual, eras un burgués y te fusilaban. Ahora niegan todo esto. Dicen que no es verdad, que el capitalismo ha hecho peores cosas. Y supongamos que sí. Para qué competir en quién mató más o menos en medio de este terror? Pero eso no les importa. No hay mejor gente que la gente que sigue a Marx el comunismo, el socialismo, la Unión Soviética, Cuba, el Che, todo eso.

Son gente buena. Eso también es lo que decía Abimael Guzmán, el líder del Partido Comunista del Perú o Sendero Luminoso. Todos dicen lo mismo, pero extrañamente todos terminan siendo tiranos y asesinos. Pero eso no es culpa de la teoría, porque ellos dicen que el verdadero comunismo no es falso donde hubo muerte y miseria, sino el de verdad, el que aún no se ha probado, el que aún no existe, ese es el de verdad. Por eso tenemos que seguir intentando. Y qué importa si sale mal otra vez y millones mueren de nuevo? Solo van a decir que ese tampoco era y van a probar de nuevo. Y la gente les va a creer porque Marx era un genio y nada de lo que dijo está mal. En este caso, todos los que estén en contra de sus ideas son gente estúpida que no entiende nada. Es gente que no tiene la capacidad para entender al mejor filósofo de todos los tiempos, Carlos Marx. Por eso. Como los campesinos del. De la década de los ochenta que apenas sabían leer.

Cómo iban a entender al gran Karl Marx y la condena por no entenderlo y atreverse a irse en contra de sus grandes ideas? Fue la muerte. Los miembros del Partido Comunista del Perú los mataron con hachas y azadones atravesados en el estómago y la cabeza, como a ese campesino que tuvo que arrastrarse con los intestinos afuera para tratar de escapar de ellos. Pero los senderistas los persiguieron con agua hirviendo para quemarlo. Campesino ignorante que no entendía a Marx, no sabía que todo lo que estaban haciendo era por el bien de él y del proletariado. Por eso lo quemaron con agua hirviendo y le destrozaron la cabeza con un azadón. Por su bien, en este punto ya se habrán dado cuenta de que es nuestra culpa que el comunismo no haya funcionado. Por eso esta historia, la historia de cómo miembros del Partido Comunista Peruano, mejor conocido como Sendero Luminoso, asesinó a 47 personas en Luna Marca el 3 de abril de 1983. Esta historia es la explicación de lo que pasa cuando el comunismo sí funciona, cuando hace lo que se supone que tiene que hacer.

Todo empezó unas semanas antes, el 22 de marzo de 1983, cuando los campesinos de una marca quemaron vivo y luego asesinaron a Olegario Curitomay, un senderista que estaba a cargo de la región. Pero cómo llegó todo el pueblo a odiar a este comunista al punto de quemarlo? Vivo en la plaza central. Para los marxistas es fácil ganarse a la gente. El mundo está lleno de injusticias. Hay muchos más pobres que ricos, porque todas las cosas del mundo tienden a un modelo de acumulación. Eso es parte de la naturaleza universal de las cosas. Pero los marxistas usan ese concepto para culpar a los ricos de la situación de los pobres. Y en parte tienen razón. Pero es mucho más complejo que simplemente decir eso. Pero no importa. Digamos que tienen razón. Por lo general culpan al capitalismo y a Estados Unidos por considerarlo el imperio. Es obvio que el mundo está lleno de injusticias, así que no es difícil hacerle notar a la gente que tienen que hacer algo al respecto. Pero lo que hacen realmente bien es explicar que la razón por la que esta injusticia existe es porque el capitalista explota y se aprovecha de los pobres.

Por eso, la eliminación o la ejecución de este capitalista es la solución a todas las injusticias del mundo. El problema es que este capitalista es un ser humano, es una persona. Por lo tanto, esta persona debe ser destruida, es decir, asesinada, para que esta injusticia deje de existir. No es casual que las personas que apoyan estas políticas siempre llamen a huelgas y paros y destrucción de la propiedad. Marx dijo en su ensayo titulado El triunfo de la contrarrevolución en Viena Sólo hay una forma en la que las agonías asesinas de la vieja sociedad y la sangrienta agonía de la nueva sociedad se pueden acortar, simplificar y concentrar. Y esa forma es el terror revolucionario. Los socialistas saben que deben destruir y causar terror y violencia para ganar el poder. Saben eso porque está en los escritos de Marx. Según él, la única manera de instaurar justicia es creando una destrucción tan vasta que los seres humanos no les va a quedar más remedio que empezar todo de nuevo. Y sobre las cenizas de esta destrucción se podrá implementar el sistema comunista.

Eso es una revolución. Y no importa que haya gente que deba morir inocentes o culpables. Al fin y al cabo, si mueren es porque están del lado equivocado, del lado capitalista. Es decir, son los malos y los que mueran luchando contra esto son héroes, pero no existen. No existirían porque para ellos no hay individuos, sino comunidad. La destrucción y el odio son útiles para el pensamiento marxista. Son como una especie de hartazgo necesario para que la gente tome armas y se levante contra sus opresores. Los que siguen esta ideología detestan tanto a los que no comparten sus ideales que quisieran verlos muertos. Y por supuesto esto los convierte en parias, ya que. Al lado contrario a los que no quieren ser parte de este comunismo, también les llena de odio que les quieran obligar a un sistema que no les sirve. Y esta lucha de ideas se transforma en violencia, porque unos enfrentan con otros, creando una guerra que siempre culmina en enfrentamientos violentos, desapariciones y muerte. Fue por eso que los alemanes usaron un arma secreta y letal contra los rusos en 1917, cuando estaban en plena Primera Guerra Mundial.

No fue una bomba. No fue un gas venenoso, ni un elemento químico mortal. Fue un hombre. Una persona con ideas marxistas. Vladimir Ilich Ulyanov, mejor conocido como Lenin. Los alemanes financiaron a Lenin para desestabilizar a Rusia desde el interior y resultó ser una jugada maestra. Pero esta idea no hubiera funcionado si Rusia no hubiera estado sumida en una hambruna y pobreza generalizada por la guerra. Hubo tantos muertos y dolor en la Revolución Rusa que cualquier cosa que viniera después era mejor. La idea era que el comunismo los había salvado y de paso, Rusia se retiró de la guerra y así Alemania tuvo la ventaja. No es difícil entender por qué estas ideas son atractivas, sobre todo para los jóvenes. Es verdad que el mundo es injusto y es verdad que hay gente corrupta que se aprovecha de todos nosotros. Y como el mundo es un lugar injusto que está dominado por los ricos, los ricos son ricos porque abusan de los pobres, los tienen esclavizados con sueldos miserables y se aprovechan de su mano de obra para hacer dinero que sólo ellos pueden disfrutar.

El problema es que estas definiciones dejan tantos cabos sueltos que cualquiera puede ser un burgués. Por supuesto, un marxista te va a decir que el marxismo es mucho más complejo que este estúpido resumen que yo estoy haciendo. Y si lo es, es más complejo. Pero eso no quita que ese es el marco teórico en el que basaron todos sus asesinatos y atrocidades. En un principio estas definiciones suenan bien y no hay razón para no apoyarlas. Si me dices que el hijo de un rico tiene más probabilidades para salir adelante que yo te voy a creer. Si se alimenta mejor, va a ser más fuerte. Si tiene comodidades y puede ir a una buena escuela, va a tener más oportunidades de tener un buen trabajo. Mientras que un campesino apenas tiene comida para desarrollar su cuerpo. Y si aprende a leer es porque tuvo suerte. El arma de los comunistas siempre fue infiltrar estas ideas por medio de la educación y de los sindicatos. Sabían que si les dicen a los jóvenes que la razón por la que no consiguen nada en la vida es porque los ricos les están robando.

Ellos se iban a llenar de ira e iban a tener deseos de vengarse, a veces hasta el punto de la violencia. Y la única manera de hacerte tener la suficiente ira como para que salgas a dar tu vida y matar a otros, es si te repiten constantemente que la razón por la que tu vida es miserable es porque otros se están aprovechando de ti. Nunca es tu responsabilidad, siempre es porque otro te está haciendo daño. Un capitalista. Y eso es lo que hizo Sendero Luminoso durante los años setenta, atrajo a jóvenes estudiantes que luego fueron profesores de las universidades públicas y escuelas de los sectores más pobres del país. Desde ahí se dedicaron a doctrinar con sus ideas a niños y jóvenes y cuando estos crecieron, formaron parte de las filas de Sendero Luminoso. Su ritual de iniciación era que debían ir y matar a un policía como prueba de este asesinato. Debían robar el arma de este policía y mostrarla como trofeo a su comandante senderista. Asesinar policías era el sueño de estos jóvenes enojados. Un policía representaba el poder del Estado capitalista y por eso casi nadie en su sano juicio apoya a un policía cuando está reprimiendo a la gente.

De hecho, los des humanizamos. Los vemos como animales. Algunos los llaman cerdos. Cerdos que sirven al estado opresor. Esta deshumanización sirve para que cuando llegue el momento de asesinarlos, no sientas nada. En China, Mao Zedong usó un método de deshumanización llamado la Revolución Cultural. Este tenía el fin de deshacerse de las personas que se opusieron al comunismo. El objetivo de Mao era exterminar definitiva. A los pocos opositores que quedaban entre estos opositores al comunismo estaban campesinos, profesores y sobre todo estudiantes que querían rescatar los valores tradicionales chinos, las enseñanzas de Confucio y otro tipo de normas morales que habían caracterizado a China por milenios antes de que el comunismo llegar. Este exterminio se llevó a cabo sistemáticamente y con la ayuda de los mismos ciudadanos, a veces vecinos y hasta amigos de las personas que se oponían al régimen. Mao usó el mismo mecanismo de deshumanización. Este proceso le tomó años, pero cuando la revolución cultural llegó, los opositores al comunismo ya no eran vistos como personas, sino como entes de amenaza. La deshumanización llegó a tal extremo que en la región de Guangxi, en China, los partidarios comunistas se comieron a los opositores.

Hay fotografías de comunistas sonriendo y mordiendo el hígado, recién sacado del vientre de personas que simplemente no aceptaron esa ideología. Lo realmente extraño no es que esto haya sucedido. Todo este canibalismo, tortura y asesinato en masa. Lo extraño es que los comunistas y políticos de izquierda contemporáneos no reconozcan estos crímenes. Es más extraño aún que la gente le siga creyendo a pesar de todos estos sucesos. Con todo esto, no es tan difícil entender lo que pasó en Perú con Sendero Luminoso. Los comunistas son muy buenos en propagar sus ideas, sobre todo porque tienen razón en muchas cosas. Es verdad que Rusia estaba dominada por una realeza que sólo veía por sus propios beneficios y mantenía en la pobreza a sus pobladores. No era tan malo como cuando llegó el comunismo, pero era lo suficientemente malo como para realizar una revuelta igual en China. Luego de años de fracasos políticos por parte del emperador, la gente quería un cambio. Mao Zedong les ofreció ese cambio y luego los traicionó a cambio de poder. Latinoamérica siempre ha estado plagada de gobiernos corruptos y en la época de Sendero, policías y militares cometían abusos contra los campesinos, violaban a las mujeres y robaban las pocas pertenencias que tenían.

Todos y cada uno de estos abusos fueron respaldados por el Estado. Por eso los campesinos se alegraron cuando los integrantes de Sendero Luminoso llegaron a matar a la clase política y a los policías y dueños de tierra que abusaban. Durante años, los campesinos recibieron a Sendero como si fueran héroes y los dejaron tomar el poder. Y al inicio fue como una luna de miel. Los miembros del Partido Comunista Peruano se dedicaron a cazar ladrones y ejecutarlos públicamente. También a los violadores y otro tipo de delincuentes. Y eso estuvo bien hasta que no, hasta que por falta de leyes claras y exceso de justicia por mano propia, empezaron a matar a gente que era inocente. Por ejemplo, a los curas los mataban solo por ser curas, a dirigentes políticos solo por no respaldar sus ideas o a jóvenes solo por no querer ser parte de su partido político. Porque ese es el problema. Todos queremos justicia social y alguien que se dedique a matar a los delincuentes y eliminarlos. Pero qué pasa cuando las personas que elegimos para hacer eso se convierten en ellos, en delincuentes?

Qué pasa cuando todo un pueblo cede el poder a una sola persona y resulta que esa persona es un completo psicópata lleno de una ideología asesina? Lunamarca es la respuesta a esa pregunta. Si el concepto de un burgués es alguien que tiene más que otro. Qué pasaba con aquellos campesinos que tenían una vaca para poder ganarse la vida vendiendo leche? Según Marx, esa persona es un burgués, ya que tiene más que la persona que no tiene una vaca. La persona con la vaca debe ser eliminada para igualar a la sociedad. Esas son sus ideas puestas en práctica. Así que los miembros de Sendero, bajo la guía de Olegario Curitomay, quien recibía órdenes directas de Abimael Guzmán, el líder de Sendero, empezaron a castigar a la gente que tenía más que otros. Un día azotaron a alguien porque no quería que le arrebataran su vaca. Luego a alguien que tenía un terreno para sembrar papas. Luego a alguien que tenía dos camas en lugar de una. Y así, en menos de un año, Sendero Luminoso tomó posesión de las tierras de los campesinos.

Nadie. El comunismo puede tener propiedades. Ese es el concepto general de Marx. Si tienes una propiedad, eso te convierte en un capitalista. Así que sólo ellos, los comunistas, podían administrar las tierras de todos los demás. El líder es el que guía, y es él quien decide quién debe comer y quién no, a quién se le da trabajo y a quién no. Y no sólo eso, sino que Olegario, Curitomay empezó a racionar la comida y todos los bienes de cada uno de los pobladores. También les prohibió salir del una marca sin pedir permiso previo. Cada poblador debía comunicar a dónde iba y se controlaban los horarios, las horas en las que salían o entraban de su casa. Y esto no es raro, no es algo que solo hicieron en una marca. Esto es lo que pasa en Cuba. Nadie tiene derecho a nada porque nadie es el dueño de nada en el comunismo. Y como los campesinos dejaron de producir y le cerraron la salida y entrada a otras personas de otros pueblos, cada vez había menos comida.

No pasó mucho tiempo hasta que los campesinos se hartaron. Esas eran tierras que les pertenecían. Eran sus vacas y sus sembríos. Por qué iban a permitir que uno de ellos, solo por ser miembro de la cúpula del Partido Comunista, les diga cuánto deben comer y cuánto no, cuánto deben comer sus hijos? Sendero Luminoso les prohibió tener fiestas, dormir tarde, hablar de temas que no sean correctos o lo que ellos decían que era correcto. E incluso les quitaron la ropa. En el comunismo todos deben vestirse igual, hombres y mujeres, porque son lo mismo. Por eso sus vestimentas no deben tener color, ni forma, ni identidad. La gota que derramó el vaso fue cuando Sendero empezó a matar a los campesinos sólo porque se quejaban. Se quejaban de lo que los comunistas hacían y lo que había empezado como una luna de miel y hasta como un proceso de justicia matando y deshaciéndose de abusadores y ladrones. Escaló hacia muertes masivas. Empezaron a matar sólo porque alguien pedía un pedazo de pan. Una mujer que vivió esta etapa del terror contó entre lágrimas que los senderistas se metían a las casas para quitarles la ropa, los muebles y la comida los dejaban sin nada.

A gente que, para empezar, no tenía muchas posesiones y sí podían soportar que Sendero les quite las posesiones solo porque esa es la teoría. Pero no pudieron más cuando empezaron a ver a sus familiares morir solo por exigir un poco más. Un día un hombre murió luego de robarse una lata de atún, cuando los miembros del Partido Comunista del Perú le preguntaron por qué lo hizo. Él respondió que porque tenía hambre. Lo sentenciaron a muerte porque bajo los regímenes comunistas, el robo de comida es un crimen burgués. Nadie puede tener más que otros. Nadie. En la Unión Soviética obligaban a los campesinos a trabajar largos horarios recogiendo trigo y papas, y cuando estaban cansados les daba hambre. Pero por las políticas agrarias de instauradas por Stalin no había mucha comida. Lo poco que recogían era incautado por el Estado. Recogían comida para otros grandes camiones militares. Llegaban a recoger el trigo que los campesinos habían acumulado a lo largo del día en largas jornadas de trabajo. Un día, a un joven campesino se le ocurrió recoger los pocos granos que quedaban regados por el piso.

Luego de que los camiones partieron y alguien lo vio recogiendo estos granos que no eran suficientes ni para llenar su mano. Y, sin embargo, bajo la ley del régimen comunista soviético, esta acción no solo era robo, sino que era una ofensa contra el Estado. Por eso lo acusaron y este vecino avisó a la policía y luego de un juicio rápido, lo sentenciaron a muerte. Le metieron un tiro en la cabeza. En esos mismos campos esta ley se llamaba la ley de las espigas y aplicaba la pena de muerte a aquellos que hubieran penetrado en la finca colectiva. Y los que están fuera de la finca colectiva y que organizan o participan en el robo de la finca colectiva y el pan. Esto, esta oración repetitiva, esta ley está escrita en los documentos oficiales soviéticos. Este joven fue sentenciado a muerte porque bajo esta ley, la granja en la que trabajaba no era de su propiedad, ya que nadie puede tener. Propiedades en el comunismo. Sólo el Estado es dueño de las tierras, ya que es el Estado el que cuida a su gente y se encarga de repartir en partes iguales a todos los frutos.

Este niño al estar trabajando ahí técnicamente estaba en propiedad que no le pertenecía y al robar los granos de trigo estaba cometiendo un robo directamente al estado, por lo tanto, estaba robándole directamente al pueblo y merecía la muerte. Los senderistas, al seguir la misma ideología, aplicaban las mismas leyes. En el caso de este hombre que robó la lata de atún. Era lo mismo. Su crimen fue haber robado algo que le pertenecía a los demás. Era una ofensa de burgués. Por lo tanto, lo hicieron arrodillar y le hicieron pedir perdón por el crimen. El hombre asumió su culpa. Sabía que era su culpa, dijo delante de todo el pueblo que había dado el mal ejemplo y alabó la justicia que los senderistas le estaban aplicando. Cuando acabó de hablar, le dispararon en la nuca una mujer que fue testigo de las matanzas. Dijo que a pesar de que los senderistas eran severos en la manera de aplicar justicia, también eran amables. Eran amables para meterte un tiro en la nuca. Te pedían de favor que te arrodilles.

Y cuando estaba de espaldas y acostado boca abajo contra el piso, te disparaban. Pero al menos te decían por favor y al menos te explicaban por qué te estaban matando. Pero por más amables que hayan sido, los campesinos estaban hartos. Empezaron a realizar reuniones clandestinas. Para ellos era hora de derrocar el mando de Sendero Luminoso en Luna Marca. A la conclusión que llegaron es que la única forma de hacer esto es si asesinaban al encargado de la zona. Olegario Curitomay. Después de todo. Era él quien estaba ordenando todas estas injusticias. Así que la noche del 22 de marzo, el pueblo se alzó de armas con palos y piedras. Arrestaron a Olegario y lo llevaron a la plaza. Lo amarraron. Al inicio todo estaba calmado, solo le insultaban. La idea que tenían era juzgarlo en la plaza y luego entregarlo a la policía. Pero de repente, una mujer que había sufrido las injusticias de Olegario le tiró del pelo. Luego otra le escupió. Y así, poco a poco, más campesinos se fueron uniendo en estas agresiones y empezaron a perder la cabeza.

Le arrancaron las ropas, le lanzaron piedras, le golpearon con palos hasta casi hacerlo desmayar, lo amarraron a un poste y le leyeron el cargo por el que iba a ser ejecutado. Le hicieron pedir perdón de rodillas, luego le echaron gasolina y lo quemaron vivo. Finalmente, cuando Olegario se arrastraba para tratar de escapar de las llamas, le metieron un tiro. Cuando Abimael Guzmán se enteró de esto, organizó una venganza que debía ser implacable. Nadie iba a burlarse de Sendero Luminoso. Ordenó que un mando de senderistas vaya a realizar una matanza y los instruyó claramente. No debían solo matarlos, debían destruir sus cuerpos. Abimael Guzmán quería mandar un mensaje al resto de campesinos en los otros pueblos que estaban subyugados de Sendero. Quería aplacar cualquier intento de subversión campesina en contra del Partido Comunista del Perú. Y para eso debía dar el ejemplo. Debía meterles tanto miedo a los que se atrevieron a irse en contra del partido que ni siquiera se les iba a ocurrir pensar en un nuevo intento de subversión. Abimael Guzmán había hecho todo un análisis de los fracasos de las revoluciones comunistas alrededor del mundo.

Según él, el error de Mao Zedong en China fue no haber exterminado completamente a los que se oponían al comunismo por miedo a perder el favor de los campesinos. Él no iba a cometer el mismo error. No iba a dejar vivo a nadie que no comparta el pensamiento de Marx y Lenin. Unos años antes del una marca, en 1980, Guzmán mandó a ejecutar a decenas de perros y los hizo colgar en postes por las calles de Lima. Los policías tenían miedo de bajar a estos perros de los postes y los dejaron podrir porque creían que tenían bombas al interior. Tuvieron que llegar fuerzas especiales para bajar a los perros de los postes. Estaban vacíos. Solo eran perros callejeros que habían sido degollados para mandar un mensaje. Un mensaje que Abimael Guzmán quería lanzar al mundo. Según él, estos eran los perros de Deng Xiaoping. Xiaoping fue el comunista chino que tomó el mando luego de la muerte de Mao y lo primero que hizo fue revertir sus políticas. Además, atacó a Mao y lo culpó de años de matanzas y hambrunas que dejaron a millones de personas muertas.

Abimael amaba a Mao Zedong. Tenía fotos de él colgadas y hasta se había ido a estudiar en China. Tácticas de guerrilla. Fueron los comunistas chinos quienes le enseñaron a hacer bombas caseras con un poco de explosivo metido en latas de leche condensada. Y por eso, luego de que XiaoPing desprestigiar a la memoria de Mao, Abimael Guzmán lo llamó perro. Para los comunistas de aquella época. Los perros eran animales que sólo servían como instrumentos capitalistas. Los senderistas querían realizar una limpieza social y para eso debían matar a perros y homosexuales. Así que con el acto de matar a decenas de perros callejeros y colgarlos de postes. Abimael estaba mandando el mensaje de que cualquier traidor al comunismo iba a sufrir el mismo destino. El destino de un perro callejero. Pero Deng Xiaoping no era un perro. De hecho, fue un hijo de campesinos que supo ir subiendo puestos en el Partido Comunista Chino hasta llegar a ser el líder absoluto. Luego de la muerte de Mao y además de revertir sus políticas, Deng Xiaoping hizo reformas que se podrían considerar capitalistas.

Gracias a él, China inició un rápido ascenso hasta convertirse en potencia mundial. Pero como eran reformas capitalistas, Abimael Guzmán y otros comunistas lo odiaban. Y no solo eso, sino que temían que les pase algo parecido. Abimael temía que en el campo peruano, en la sierra de Ayacucho, se esté gestando un shopping peruano. Y si esto estaba pasando, sería el hombre que iba a derrocarlo y cambiar sus políticas. Por eso debía exterminar cualquier intento de subversión, cualquier atisbo de pensamiento anticomunista. Incluso si aún eran bebés. Abimael quería eliminar el problema de raíz, si era posible, desde el vientre. Por eso, en las matanzas, a las mujeres embarazadas las reunieron en cuartos para matarlas a golpes y luego las cortaron en pedazos con hachas. Campesinas peruanas que no tenían idea de quién carajo era este tal Dan Xiaoping o Mao Zedong o Carlos. Marx. Campesinas que sólo trataban de sobrevivir al día a día cuidándose de militares y policías abusivos, deseando que el corrupto gobierno peruano no les venga a joder más. Y, sin embargo, la mañana del 3 de abril de 1983, 60 senderistas madrugaron comandados por Víctor Quispe Palomino.

Tomaron un desayuno ligero y se armaron con cuchillos afilados, hachas, machetes y pistolas. Llegaron puntuales a las 08:00 al pueblo de La Colpa. Divisaron a los campesinos que estaban trabajando en sus labores diarias de ganado y siembra. Y los fueron llamando uno por uno. No está claro si les mintieron diciéndoles que solo querían conversar y arreglar las cosas o si los amenazaron inmediatamente y por eso tuvieron que ceder. En todo caso, los senderistas reunieron a 29 campesinos en una de las viviendas y cuando ya estaban indefensos, los amarraron de pies y manos, los acomodaron en un solo bulto de cuerpos en el centro de la casa y procedieron a cortarlos a machetazos. La sangre a veces golpeaba arterias y salía expulsada hacia las paredes y los cuerpos de los miembros del Partido Comunista del Perú no se cansaron hasta que vieron que nadie se movía. Una niña que había visto a sus padres en la mañana se preocupó cuando estos no regresaron en la noche. Cuatro días pasaron hasta que los encontró adentro de esta casa, cortados con machetes. Su padre, su madre, su hermano menor.

En el ambiente de la casa se sentía un aroma tibio con un olor metálico. Era la sangre y los cuerpos que habían empezado a descomponerse. 20 años después, en una entrevista, ella dijo Mi mamá estaba muerta ya con Acho, mi papá igualito. Amarrado su pie con cables. Su mano. Mi hermano también. Estaban todos amarrados con cable, muertos. Los miembros del Partido Comunista del Perú destrozaban manos y rostros de las víctimas para que no se los pueda reconocer. Si tenían tiempo, los enterraban en lugares lejanos para que nunca encuentren estos cuerpos, si no los dejaban podrirse en lugares donde los mataban. Tomó años de encontrar y reconocer todos estos cuerpos. Hasta el día de hoy muchos siguen desaparecidos. En todo caso, luego de asesinar a este grupo de campesinos de La Colpa. Los senderistas se dirigieron a atacar. En el camino vieron a un campesino que estaba dando de pastar a sus vacas. Se acercaron, lo hicieron arrodillar y justo antes de matarlo, vieron que su esposa se acercaba con su niño pequeño.

Ella les rogó por sus vidas, sobre todo a las senderistas mujeres, pensando que quizás de ellas iban a entender su situación. Les mostró a su hijo pequeño que lloraba de miedo. Lo que esta campesina no entendía es que entre los comunistas no hay esos lazos, no hay esta idea de un lazo con un niño sólo por ser mujer. De hecho, muchas de ellas dejaron abandonados a sus hijos para unirse a la revolución. La revolución era lo más importante. Lo único importante, no sus hijos. La misma Elena Iparraguirre, esposa de Abimael Guzmán, abandonó a su hijo porque, según sus propias palabras, dijo, tenía claro Mi vida estaría dedicada a la revolución en cuanto la posibilidad se concretó. Fue natural abandonarlo todo. Las mujeres en el comunismo buscan la igualdad. Y la igualdad significa que no hay género. Una mujer no se puede vestir con faldas cortas o maquillarse. De hecho, está prohibido. El género no existe, sólo existe el cuerpo revolucionario. Y para los miembros del Partido Comunista del Perú esto era una guerra y no debía haber piedad.

Por eso la mujer, la campesina que estaba rogando por la vida de su esposo y su hijo, al ver que no tenía cómo enfrentarse a 60 senderistas, ella sola se arrodilló al lado de su esposo con su hijo entre los brazos y les dijo que si las van a matar, los maten juntos. Los senderistas no dudaron en cortarles en pedazos con las hachas al lado de las vacas, que huyeron asustados. Una mujer que vivía cerca vio este asesinato y corrió para esconderse en el monte. Los senderistas la vieron y la siguieron, pero no la encontraron, así que siguieron su camino. La mujer luego pudo avisar de la matanza a otros campesinos y un joven corrió por el camino alterno para tratar de avisar a los pueblos vecinos. Mientras tanto, los senderistas llegaron a Jagua. Allí encontraron a ocho campesinos trabajando. Los mataron y desmembrar con machetes. Una mujer logró escapar hasta su casa, pero un grupo de senderistas la siguió. Se metieron a su casa a la fuerza y también la cortaron. Cuando sus otros hijos regresaron del río donde estaban lavando la ropa, la encontraron agonizando, abrazada a su hermano pequeño, que estaba muerto.

Ella sobrevivió unas horas más antes de morir, agonizando por las heridas. Los miembros del Partido Comunista Peruano avanzaron hasta él por la carretera de MaiLa Cruz. Al mismo tiempo, el joven que había tomado el camino alterno al una marca se encontró con un grupo de campesinos que estaban haciendo trabajo comunitario para arreglar la carretera. El joven les avisó de las matanzas y de que los senderistas estaban por llegar. Los campesinos discutieron sobre lo que debían hacer. Por un lado, si huían, los senderistas llegarían al pueblo y habría más personas que sufrirían y serían asesinadas. Y por otro lado, si se quedaban, podían intentar detenerlos, pero ellos morirían. Decidieron que lo correcto sería quedarse para enfrentarlos y así intentarían salvar a la gente del pueblo. Sacrificándose, enviaron a un grupo pequeño a que avisen a la gente en Luna Marca y los demás se quedaron. Sólo tenían palos para defenderse. Como los senderistas no llegaron. Subieron a las lomas para tratar de pisarlos. Ahí los emboscaron. Los senderistas habían decidido no cruzar por la carretera precisamente para no ser vistos.

Algunos campesinos se les enfrentaron, pero ellos les dispararon. Los demás, los pocos que quedaron, se rindieron. A estos les hicieron acostar en el piso y los mataron a golpes. El grupo que fue a avisar al pueblo logró encontrarse con algunos que todavía estaban por la plaza. Estos pobladores rápidamente organizaron a los niños de algunas mujeres para que corran hacia las montañas y se escondan. Luego se organizaron para tratar de defenderse. Recogieron piedras y palos y se colocaron alrededor del pueblo en zonas estratégicas. Esperaron a los senderistas y cuando estos llegaron, los atacaron con las piedras. Pero los comunistas peruanos se habían dividido anticipando un ataque así. Y emboscaron a los campesinos por detrás y les dispararon. Los que sobrevivieron trataron de huir, pero fueron atrapados. Un grupo de senderistas fue a buscar a los que habían huido, logrando atrapar a un grupo de mujeres y niños. Los amarraron y los llevaron a la plaza central. Sabían que otros habían huido y sabían que estos estaban observando desde las montañas. Por eso armaron todo un show en la plaza.

Querían que vieran como iban a morir sus familiares y amigos. Separaron a los niños de mujeres, de los hombres. A ellos los hicieron acostar frente a la iglesia. Sacaron una lista de personas que querían asesinar y fueron pasando esta lista a los que no estaban ahí. Los fueron a buscar a las casas. Algunos se habían escondido con sus familias. Los sacaron a golpes y los llevaron a la plaza central, junto a los demás. El alcalde del pueblo trató de huir y por eso le dispararon en la cabeza. Este cayó fulminado y lo dieron por muerto. Pero estaba vivo y fingió estar muerto para poder sobrevivir. Y desde ahí, desde el piso, presenció la matanza de los demás. Él fue uno de los testigos principales. Años después, cuando finalmente atraparon a Abimael Guzmán, él tuvo que ponerse frente al hombre que había ordenado a matar a todo su pueblo y familia en una sala penal de Lima. Lo enfrentó, lo vio de frente y fue declarando todas las atrocidades que vio. Pero eso fue después, mucho después.

Ese día de abril tuvo que ver cómo amarraban a las mujeres junto a los niños y los colocaban frente a los hombres, sus padres y esposos que estaban acostados con la cara contra el polvo. Mientras estaban así, los golpearon y les llamaban miserables y cobardes por haber querido escapar. Pero también, como eran amables, les explicaron por qué les iban a matar. Era su culpa por no aceptar las ideas del socialismo y el comunismo, por no aceptar el pensamiento de Abimael Guzmán. Luego de leerles esta sentencia, le rompieron la carne y los huesos con palas. Luego con los machetes y las hachas les cortaron las piernas y las cabezas. Y finalmente, a los que aún se arrastraban pidiendo ayuda les dispararon. Las mujeres y sus hijos vieron esto. Ahora les toca a ustedes, les dijeron. Las pusieron también boca abajo y justo cuando las iban a matar, un niño gritó desde el otro lado de la plaza. Ahí vienen los Sinchi! Eso fue lo que gritó este niño. Había regresado desde su escondite de las montañas.

Al oír los gritos en la plaza cuando vio la matanza. Decidió hacer algo y se le ocurrió gritar eso para asustar a los senderistas. Como los Sinchi eran esta fuerza especial de la policía, los senderistas creyeron que venían al pueblo, tal vez llamados por algunos campesinos. Pero era mentira. No venían. El niño se inventó eso para salvar a la poca gente que quedaba. Luego de eso hubo silencio. Nadie quería bajar para ver lo que había pasado. Los sobrevivientes empezaron a gritar luego de salir del shock y llamaron al resto para que salgan de los escondites. Cuando lo hicieron, se toparon con la masacre, brazos y piernas tirados por toda la plaza, algunos cuerpos de los que se habían logrado arrastrar hasta la iglesia. Unas mujeres hembristas habían entrado a algunas de las casas a matar a las mujeres junto a sus bebés, a pasarles la cabeza a cuchillo, darle las barrigas a las embarazadas. Había mujeres que seguían vivas y pedían ayuda, pero en Luna Marca eran tan pobres y el gobierno los tenía tan olvidados que apenas tenían aspirinas para el dolor de cabeza.

No había nada más para ayudar a los enfermos. El hospital más cercano estaba a horas y nadie, ninguno de los heridos se pudo salvar. Todos murieron desangrados en una agonía lenta, cortados y traumatizados por lo que acababan de ver. Una de las mujeres recuerda haber visto a su esposo aún con vida. Dijo que lo vio convulsionando con la boca separada del resto del cuerpo, abierta por el hacha. Con un poco de cerebro saliéndose del cráneo. Con los intestinos salidos pero aún contenidos gracias a su camisa. Le estaba pidiendo que lo ayude a levantar. Y cuando ella trató de hacerlo tomándolo del brazo, el brazo se separó del cuerpo y ella se quedó ahí sola, sosteniendo el brazo ensangrentado de su esposo, quien murió unos minutos más tarde. La policía tardó tanto en llegar al lugar de este crimen que la espera se les hizo eterna. Tuvieron que ver cómo los cuerpos de sus seres queridos se iban llenando de moscas, pudriéndose frente a la iglesia, porque no había nadie que los fuera a ayudar. No había nadie, ni siquiera para ir a recoger los cuerpos, para darles una sepultura digna.

Cuando la policía finalmente llegó, no pudieron reconocer a muchos de los muertos. Hubo desaparecidos. Muchos de los que habían huido no regresaron. De algunos no se supo nada nunca más. Lo más probable es que hayan muerto a manos de senderistas también mientras huían. La policía atrapó unos días más tarde a un grupo de 20 de Sendero Luminoso y éstos se atribuyeron el crimen. Pero en esa época la policía también mataba a campesinos, culpándolos de ser senderistas solo para sacarse de encima los casos. Después de esta matanza, los campesinos decidieron armarse y ver por su propio bienestar. Ya no iban a confiar en nadie más que en ellos mismos. El gobierno les fue a dejar armas en un helicóptero. Se crearon sistemas de autodefensa. Los campesinos se armaron y se fueron a la guerra contra los miembros del Partido Comunista del Perú. Ellos mismos se entrenaron. Las mujeres también tomaron armas y aprendieron a disparar y a organizar pelotones. Realizaron ejercicios tácticos y físicos. Aprendieron a movilizarse en las montañas y técnicas de guerrilla. Aprendieron sobre explosivos y tácticas de guerra.

En síntesis, no iban a dejar que los miembros del Partido Comunista del Perú vuelvan a matar a sus hijos. Estos grupos de autodefensa llegaron a ser tan eficientes que hasta el día de hoy los senderistas les tienen miedo y el gobierno actual quiere quitarles las armas a los campesinos con la excusa de que el senderismo ya se terminó y que para qué necesitan las armas. Ellos responden que las necesitan para defenderse de cualquiera que los quiera atacar. Incluido los gobiernos, el Estado, los policías, los militares, otros comunistas que puedan llegar. Si algo aprendieron es que no pueden confiar en nadie. Para estos pobladores, la única manera es depender de ellos mismos para su protección. Y tienen razón. Abimael Guzmán declaró unos años más tarde como había enviado a su grupo de matones a realizar los asesinatos, dijo frente al uso de mesnadas en mesnadas era el nombre despectivo que Abimael Guzmán dio a los campesinos que se alzaron contra sus hordas de comunistas. Y se refería a un grupo de hombres que servían a un rey a cambio de oro.

Era la forma de Abimael de burlarse de los campesinos que pelearon contra ellos diciendo que eran perros capitalistas que servían al imperio norteamericano. En todo caso, Abimael Guzmán dijo Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria, respondimos contundentemente con una acción y una marca. Ni ellos ni nosotros la olvidamos. Claro, porque ahí vieron una respuesta que no se imaginaron. Ahí fueron aniquilados más de 80. Eso es lo real y lo decimos. Ahí hubo exceso, como se analizará en el año 83. Pero toda cosa en la vida tiene dos aspectos. Nuestro problema era un golpe contundente para frenarlos, para hacerles comprender que la cosa no era tan fácil en algunas ocasiones como en esa. Fue la propia dirección central la que planificó la acción y dispuso las cosas. Y así ha sido. Eso dijo para los comunistas, si no eres parte de su pensamiento, eres del enemigo y debe ser exterminado porque eres parte del problema. Así que para ellos, estos campesinos eran un obstáculo en su búsqueda de la sociedad perfecta. Esta sociedad donde todos tienen igualdad, nadie tiene género.

Mujeres y hombres son iguales, no hay injusticias, el dinero no existe y los bienes materiales están distribuidos en cantidades iguales entre todos los trabajadores. Este mundo perfecto que no pudo ser alcanzado en el Perú por culpa de estos campesinos, que en lugar de amedrentarse y tenerles miedo a los miembros del Partido Comunista Peruano, luego de todas estas masacres, prefirieron enfrentarlos y dar la vida y luchar con las mismas armas que ellos. Los campesinos se levantaron por su propia dignidad. Pero el precio fue grande. Luego del una marca hubo muchas otras matanzas. Se inició una guerra que dejó casi 80.000 muertos, una guerra que debió concluir cuando Abimael Guzmán fue apresado, pero que siguió aún después de eso, porque otros mandos tomaron el control de Sendero. Víctor Quispe Palomino, quien comandó la masacre del una marca, fue el sucesor de Abimael Guzmán. Él huyó a la selva a plantar coca, a entrenar niños para usarlos como carne de cañón en la guerra contra el ejército. Y también consiguió lazos con los cárteles de droga para financiar sus actividades.

Al menos esa es la versión del gobierno del Perú y de los medios de comunicación. También puede ser que Víctor Quispe Palomino, quien con sus propias palabras se atribuyó haber matado ese día a hombres, mujeres y niños, sea una buena persona, una persona que solo quiere la revolución del proletariado. De todas maneras, bajo estos nuevos mandos, Sendero siguió poniendo bombas y realizando atentados. Siguieron matando burgueses para lograr la igualdad en el Perú. Un Perú que en la época de Sendero tenía una división de clase enorme, con extrema pobreza por un lado, y gente tan adinerada que no quería ni enterarse que esta pobreza extrema existía. Esta desigualdad y corrupción del gobierno, que fue la raíz para que pensamientos genocidas, empiecen a nacer en las mentes de los jóvenes. Ellos, estos políticos que se aprovecharon de la gente del Perú y de la situación de terrorismo, son también los culpables de todas estas muertes. Alberto Fujimori, Alan García, Alejandro Toledo, todos. Alejandro Toledo, que fue a prometer justicia a los pobladores de una marca solo para ganar votos y cuando llegó a la presidencia se olvidó de ellos.

Cómo no esperar que un monstruo de venganza crezca de nuevo si los gobiernos centralizados se hacen odiar al punto de que la gente no le importa morir con tal de ver los muertos, solo hace falta que venga otro Mesías y les prometa que la igualdad está en sus manos, que si le dan el poder a él, los llevará al paraíso marxista, donde todos se cogen de las manos y son felices. Incluso ahora, cuando Abimael Guzmán murió el 11 de septiembre del 2021, sus ideas están más vivas que nunca. Así como no han muerto las ideas de Lenin, Mao o Stalin, el comunismo, el socialismo, Marx, están más vivos que nunca. El mismo Abimael Guzmán dijo cuando estaba preso La guerra popular comienza a barrer el viejo orden para destruirlo inevitablemente. De lo viejo nacerá lo nuevo. Y finalmente, como el ave fénix pura y gloriosa, el comunismo surgirá para siempre. El comunismo surgirá para siempre. Sí, mientras haya gente que siga apoyándolo. Y también mientras haya gente que siga negando los muertos que sufrieron terriblemente para que deje de surgir.

Creo que por respeto a ellos, al menos deberíamos poder hablar de lo que les hicieron. Deberíamos poder contar su historia sin que nos digan que es mentira, que es propaganda o una manera de desprestigiar al comunismo. Y si este es un invento o ficción, entonces que así sea. Volvamos a intentarlo. O como dicen los comunistas, ahora intentémoslo por primera vez, porque el comunismo, el verdadero comunismo, nunca se ha logrado. Pero si lo intentan de nuevo, tienen que saber que habrá campesinos armados que van a defenderse. Siempre hubo. Mientras tanto, nosotros, al menos, hagamos el esfuerzo por recordarlos.